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El nadador - John Cheever

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EL NADADOR John Cheever Era uno de esos domingos de mediados del verano, cuando todos se sientan y comentan “Anoche bebí demasiado”. Quizá uno oyó la frase murmurada por los feligreses que salen de la iglesia, o la escuchó de labios del propio sacerdote, que se debate con su casulla en el vestiarium, o en las pistas de golf y de tenis, o en la reserva natural donde el jefe del grupo Audubon sufre el terrible malestar del día siguiente. –Bebí demasiado –dijo Donald Westerhazy. –Todos bebimos demasiado –dijo Lucinda Merrill. –Seguramente fue el vino –dijo Helen Westerhazy–. Bebí demasiado clarete. Esto sucedía al borde de la piscina de los Westerhazy. La piscina, alimentada por un pozo artesiano que tenía elevado contenido de hierro, mostraba un matiz verde claro. El tiempo era excelente. Hacia el oeste se dibujaba un macizo de cúmulos, desde lejos tan parecido a una ciudad –vistos desde la proa de un barco que se acercaba– que incluso hubiera podido asignársele nombre. Lisboa. Hackensac...

Los dos ruiseñores - José Martí

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En China vive la gente en millones, como si fuera una familia que no acabase de crecer, y no se gobiernan por sí, como hacen los pueblos de hombres, sino que tienen de gobernante a un emperador, y creen que es hijo del cielo, porque nunca lo ven sino como si fuera el sol, con mucha luz por junto a él, y de oro el palanquín en que lo llevan, y los vestidos de oro. Pero los chinos están contentos con su emperador, que es un chino como ellos. ¡Lo triste es que el emperador venga de afuera, dicen los chinos, y nos coma nuestra comida, y nos mande matar porque queremos pensar y comer, y nos trate como a sus perros y como a sus lacayos! Y muy galán que era aquel emperador del cuento, que se metía de noche la barba larga en una bolsa de seda azul, para que no lo conocieran, y se iba por las casas de los chinos pobres, repartiendo sacos de arroz y pescado seco, y hablando con los viejos y los niños, y leyendo, en aquellos libros que empiezan por la última página, lo que Confucio dijo de los pe...

Reto Literario 2021

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Les comparto mi reto literario. Mes a mes iré subiendo mi libro escogido...  Enero:   EL ARTE DEL CUENTO Centro editor de América Latina -  1973 Cuentos de Edgar A. Poe, Guy de Maupassant, Jorge Luis Borges y Julio Cortázar. Ilustraciones de Alberto Cedrón, Carlos Alonso, Roberto Paez y Santiago Cogorno. Febrero:   RUBEN DARÍO Obras Completas - Poesías -  1947 Ediciones Anaconda Marzo: MARGARET ATWOOD Penélope y las doce criadas - 2020 Salamandra Abril: JORGE LUIS BORGES Obras completas 1923- 1972 - 1974 Emece Editores

Cartas de Papá Noel - J.R. Tolkien

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A lo largo de 23 años, los hijos de J.R. Tolkien recibieron, en el mes de diciembre, cartas del Polo Norte. El escritor comenzó la tradición en 1920, cuando su hijo mayor tenia 3 años y la última carta fue en 1943, cuando la menor cumplió 14. Las cartas eran manuscritas con la temblorosa letra del mismísimo Papá Noel, y en ella relataba sus aventuras en el polo norte.  Las primeras cartas fueron cortas y concisas. Sin embargo, a medida que avanzaban los años, las historias se hicieron más largas y aparecieron otros personajes fantásticos.  Estas maravillosas cartas y sus ilustraciones fueron recopiladas en el libro "Cartas de Papá Noel".  Aquí una muestra de este mágico libro 👇 Primera Carta Hogar de Papá Noel, Polo Norte 22 de diciembre de 1920 Querido John: Me he enterado de que le has preguntado a tu papá cómo soy y dónde vivo. He hecho un autorretrato y he dibujado mi casa. Guarda bien el dibujo. Ahora mismo me marcho a Oxford con el saco lleno de regalos (algunos pa...

¡Cómo se divertían! - Isaac Asimov

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Margie incluso lo escribió aquella noche en su diario, en la página encabezada con la fecha 17 de mayo de 2157. «¡Hoy, Tommy ha encontrado un libro auténtico!» Era un libro muy antiguo. El abuelo de Margie le había dicho una vez que, siendo pequeño, su abuelo le contó que hubo un tiempo en que todas las historias se imprimían en papel. Volvieron las páginas, amarillas y rugosas, y se sintieron tremendamente divertidos al leer palabras que permanecían inmóviles, en vez de moverse como debieran, sobre una pantalla. Y cuando se volvía a la página anterior, en ella seguían las mismas palabras que se habían leído por primera vez. -¡Será posible! -comentó Tommy. - ¡Vaya despilfarro! Una vez acabado el libro, sólo sirve para tirarlo, creo yo. Nuestra pantalla de televisión habrá contenido ya un millón de libros, y todavía le queda sitio para muchos más. Nunca se me ocurriría tirarla. -Ni a mí la mía - asintió Margie. Tenía once años y no había visto tantos libros de texto como Tommy, que ya h...

La Sirenita - Hans Christian Andersen

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LA SIRENITA Hans Christian Andersen En lo más profundo del océano, se levantaba el alacio del rey del Mar. Todo de coral y ámbar, Allí vivía el rey en compañía de su madre y sus seis hijas, seis hermosas sienitas que llenaban el palacio con sus voces musicales y sus risas. Amaban todo lo que las rodeaba y gustaban de abrir las ventanas ara que entraran los peces, a los que daban de comer de la mano, tal como hacen las niñas de la tierra con las aves. Había algo que a las princesitas les agradaba por sobre todas las cosas, y era contemplar los resplandores de luz que llegaban desde lo alto. Sobre todo, la más pequeña soñaba con ir arriba y ver la tierra y conocer a sus habitantes. Hacía ya un tiempo que tenía un secreto. Entre los restos de un naufragio, haba llegado al fondo del mar una estatua de mármol, la figura de un niño de largas piernas y bello rostro al que la princesita adoraba. Solía sentarse junto a él y conversarle como si fuera un amigo. Ella sabía que así eran los seres q...

Los trajes del emperador - Hans Christian Andersen

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LOS TRAJES DEL EMPERADOR Hans Christian Andersen Un emperador muy vanidoso gobernaba hace muchísimos años un lejano país. Este señor quería ser distinto a todos los otros emperadores de su tiempo, y destacarse siempre por sus orientales vestidos. Nada le gustaba mas que poseer gran cantidad de trajes. Los tenía de todas las telas y colores, se mudaba de ropa cada momento, y mas de una vez hubo que esperar a iniciar una reunión importante porque el soberano tenía que cambiarse. Un día aparecieron en el reino dos desconocidos. Al principio no llamaron la atención de nadie, porque eran muchos los extranjeros que llegaban continuamente, atraídos por las alegres diversiones de aquella capital. Pero muy pronto se hicieron notar porque se presentaron como los más hábiles tejedores del mundo. Según decían, nadie había podido hacer telas tan maravillosas como las que ellos confeccionaban, no solo por la combinación de los hilos con que las tejían, ni por los dibujos que creaban so...