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Mostrando entradas de marzo, 2020

El vestido de terciopelo - Silvina Ocampo

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La Costurera - Diego Velazquez Sudando,  secándonos  la  frente  con  pañuelos  que  humedecimos  en  la  fuente de la Recoleta, llegamos a esa casa, con jardín, de la calle Ayacucho. ¡Qué risa! Subimos en el ascensor al cuarto piso. Yo estaba malhumorada, porque no quería salir, pues mi vestido estaba sucio y pensaba dedicar la tarde a lavar y a planchar  la  colcha  de  mi  camita.  Tocamos  el  timbre:  nos  abrieron  la  puerta  y  entramos, Casilda y yo, en la casa, con el paquete. Casilda es modista. Vivimos en  Burzaco  y  nuestros  viajes  a  la  capital  la  enferman,  sobre  todo  cuando tenemos que ir al barrio norte, que queda tan a trasmano. De inmediato Casilda pidió  un  vaso  de  agua  a  la  sirvienta  para  tomar  la  aspirina  que  llevaba  en  el  monedero. La aspirina cayó al suelo con vaso y monedero. ¡Qué risa! Subimos  una  escalera  alfombrada  (olía  a  naftalina),  precedidas  por  la  sirvienta, que nos hizo pasar al dormitorio de la señora Corneli

Felicidad - Katherine Mansfield

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Vincent Van Gogh -Pequeño peral en flor A pesar de sus treinta años, Berta Young tenía momentos como éste de ahora, en los que hubiera deseado correr en vez de andar; deslizarse por los suelos relucientes de su casa, marcando pasos de danza; rodar un aro; tirar alguna cosa al aire para volverla a coger, o quedarse quieta y reír... simplemente por nada.         ¿Qué pude hacer uno si, aún contando treinta años, al volver la esquina de su calle le domina de repente una sensación de felicidad..., de felicidad plena..., como si de repente se hubiese tragado un trozo brillante del sol crepuscular y éste le abrasara el pecho, lanzando una lluvia de chispas por todo su cuerpo?         ¿Es que no puede haber una forma de manifestarlo sin parecer “beodo o trastornado”? La civilización es una estupidez. ¿Para qué se nos ha dado un cuerpo, si hemos de mantenerlo encerrado en un estuche como si fuera algún valioso Stradivarius?         “No, la comparación con el violín no expresa ex

Domingo en el parque - Bel Kaufman

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Georges Seurat - “Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte” (1884-1886, óleo sobre lienzo, 207 x 308 cm, Art Institute of Chicago) Aún hacía calor al sol del final de la tarde, y los ruidos de la ciudad llegaban amortiguados entre los árboles del parque. Ella dejó el libro en el banco, se quitó las gafas de sol y suspiró llena de contento. Morton leía el cuadernillo del Times Magazine, con un brazo sobre el hombre de ella; su hijo de tres años, Larry, jugaba con la arena: una leve brisa abanicaba suavemente el cabello de ella contra su mejilla. Eran las cinco y media de un domingo por la tarde, y la pequeña zona para jugar, habilitada en una esquina del parque, estaba casi desierta. Los columpios y los balancines permanecían inmóviles y abandonados, los toboganes vacíos, y sólo en el rincón de la arena se veía a dos niños pequeños agachados el uno junto al otro, muy ocupados. Que bien se está aquí, pensó ella, y casi sonrió de pura sensación de bienestar. Tenían que salir