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La esposa del estudiante - Raymond Carver

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Había estado leyéndole cosas de Rilke, un poeta que él admiraba, cuando ella se quedó dormida con la cabeza en su almohada. Le gustaba leer en alto, y leía bien: una voz segura que ora se hacia grave y sombría, orra se alzaba o se inflamaba. Cuando leía nunca apartaba la vista de la página, y sólo se detenía para alargar la mano hasta la mesilla a coger un cigarrillo. Era una voz rica que la sumíaen sueños de caravanas que partían de ciudades amuralladas, y de hombres barbados con largas túnicas. le había escuchado durante unos minutos, y había cerrado los ojos y se había dormido.   Él siguió leyendo en voz alta. Los niños llevaban horas dormidos, y afuera, de cuando en cuando, se oía el sonido de unos neumáticos sobre el asfalto mojado. Al rato dejó el libro y se volvió en la cama para alcanzar la lámpara. Ella abrió de pronto los ojos, como asustada, y parpadeó dos o tres veces. Sus párpados le parecieron extrañamente oscuros y carnosos al moverse de arriba abajo sobre aquel...

La Prueba - Samuel Taylor Coleridge

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La pasionaria es conocida como la flor del sueño Si un hombre atravesara el Paraíso en un sueño, y le dieran una flor como prueba de que habá estado ahí, y si al despertar encontrara esa flor en su mano...¿Entonces, qué?

El hijo de Butch Cassidy - Osvaldo Soriano

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El mundial de 1942 no figura en ningún libro de historia pero se jugó en la Patagonia argentina sin sponsors ni periodistas y en la final ocurrieron cosas tan extrañas como que se jugó sin descanso durante un día y una noche, los arcos y la pelota desaparecieron y el temerario hijo de Butch Cassidy despojó a Italia de todos sus títulos. Mi tío Casimiro, que nunca había visto de cerca una pelota de fútbol, fue juez de línea en la final y años más tarde escribió  unas memorias fantásticas, llenas de desaciertos históricos y de insanias ahora remediables por falta de mejores testigos. La guerra en Europa había interrumpido los mundiales. Los dos últimos en 1934 y 1938, los había ganado Italia y los obreros piamonteses y emilianos que construían la represa de Barda del Medio en la Argentina y las rutas de Villarica en Chile se sentían campeones para siempre. Entre los obreros que trabajaban de sol a sol también había indios mapuches conocidos por sus artes de ilusionismo y magia y sobr...

Trabajador responsable - Eduardo López Pumarega

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  Ahora le toca a usted - le dijo su jefe- Tranquilo. Ya les expliqué que es mi mejor empleado. Kiunel caminó hasta la sala  de reuniones, golpeó la puerta y esperó. -Pase -dijo una voz. Kiunel entró y vio a dos inspectores de policía, uno joven y otro viejo, sentados frente a una mesa.  -Cierre la puerta y siéntese -dijo el más viejo. -Nombre y apellido -preguntó el más joven. -Pablo Kiunel. -¿Cuál es su función en el Registro Nacional de las Personas? -Trabajo en la sección de Accidentes -dijo. -Explíquese.  -Debo analizar las fotografías de siniestros ocurridos en la vía pública e ingresar los datos de los involucrados, incluso de los testigos, Cuando existen cuerpos no identificados comparo los datos recibidos con los de nuestra base de datos. -Tarea dura- dijo el oficial viejo -Con el tiempo me fui acostumbrando -acotó Kiunel, y tomó la jarra de agua que había en un costado de la mesa. Llenó el vaso, bebió el agua y lo dejó cerca de la jarra. Miró el vaso y con ...

El hombre que ríe - J.D. Salinger

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Una de las escasas fotografías de J.D. Salinger.  PAUL ADAM   En 1928, a los nueve años, yo formaba parte, con todo el espíritu de cuerpo posible, de una organización conocida como el Club de los Comanches. Todos los días de clase, a las tres de la tarde, nuestro Jefe nos recogía, a los veinticinco comanches, a la salida de la escuela número 165, en la calle 109, cerca de Amsterdam Avenue. A empujones y golpes entrábamos en el viejo autobús comercial que el Jefe había transformado. Siempre nos conducía (según los acuerdos económicos establecidos con nuestros padres) al Central Park. El resto de la tarde, si el tiempo lo permitía, lo dedicábamos a jugar al rugby, al fútbol o al béisbol, según la temporada. Cuando llovía, el Jefe nos llevaba invariablemente al Museo de Historia Natural o al Museo Metropolitano de Arte. Los sábados y la mayoría de las fiestas nacionales, el Jefe nos recogía por la mañana temprano en nuestras respectivas viviendas y en su destartalado autobús nos ...